martes, enero 24, 2012

Yo qué sé. Tengo gripe.




Hay días como hoy, cuando la gripe nubla mi escaso entendimiento. Como si tuviera la cabeza dentro de un globo lleno de agua, un enorme globo que es pateado por un grupo de niños sin qué hacer. Luego me mareo. Y sea por vicio o para distraerme de esa sensación tan desagradable, miro las noticias. Como la del contingente de organizaciones campesinas integrantes de la Caravana contra el Hambre y la Carestía que tuvieron que soportar horas de espera y plantones para que el gobierno los recibiera. No para una visita social, una cena o una celebración. Fueron a ver al Secretario de Gobernación en busca de apoyo para enfrentar, pero sobre todo sobrevivir, la grave sequía que desola el campo chihuahuense, la peor dicen, vista en 70 años.

Las cerca de mil 200 personas aguardaron ocho horas, según las noticias. Marcharon en tractores y a caballo. Se fueron por Paseo de la Reforma, pasaron por el monumento a la Revolución rumbo a la Segob. Pero antes de llegar a destino, se les atravesaron las vallas en Bucareli.

Poco después del mediodía, un funcionario federal recibió a los campesinos y les dio cita para las cinco de la tarde. Les aseguró que acudirían subsecretarios de varias secretarías, como la de Agricultura, Medio Ambiente, Hacienda y Economía. También de la Comisión Nacional del Agua. Dio la hora pactada, pero ninguno de esos funcionarios llegó. Así que los campesinos regresaron a las protestas. Finalmente los recibieron como a las ocho de la noche. Era la víspera del decreto nacional anunciado por el presidente Felipe Calderón horas después en Zacatecas, otro estado vapuleado por la falta de agua, que busca agilizar la entrega de apoyos federales para el combate a la sequía.

¿Por qué hacerlos esperar tanto? ¿Por qué, ante un problema de tal magnitud envían a subsecretarios a tomar nota? ¿Acaso no sabían que estaban ahí? ¿Son tan poco visibles mil 200 personas que reclaman ayuda porque no tienen agua y su patrimonio se va al carajo? ¿Para qué las vallas?

Al día siguiente, al anunciar el decreto, el presidente pidió a las instancias federales, estatales y municipales compromiso político suficiente para que todos los esfuerzos que se emprenderán a partir del decreto no posean tintes partidistas o de cualquier otro tipo. Dijo que no tolerarán ningún abuso. Pero no explicó las medidas para garantizar que eso no ocurra. Fácil, dirán algunos, ahí está la ley. Ojalá.

Puede ser la genuina desesperación de un gremio eternamente ignorado. También puede ser parte de una bonita estrategia de descrédito contra un gobierno panista en pleno año electoral. Pueden ser ambas cosas, y más. Sea como sea la tierra está seca y el fomento para la investigación y el desarrollo de tecnología sustentable, equilibrada, competitiva y justa a favor de la producción agrícola nacional suena a un tema “silencioso” como definió el gobernador de Durango al fenómeno de la sequía. Tan convenientemente silencioso, no sea que alguien se dé cuenta.

Yo qué sé. Tengo gripe.


(Crédito de foto, sin fines de lucro: 24 Horas. Diario sin Límites)

jueves, enero 19, 2012

Corro...sivo

En el momento en que como una ensalada llega alguien y pregunta: ah, ¿ya estás comiendo?¿Qué respondes?
a) No, en realidad hablo con las verduras.
b) Todavía no, me gusta espulgarla media hora antes de comerla.
c) No,espero a que le salgan brotes.
d) No,encendí la webcam y me quiero ver interesante.

Tienda de autoservicio.Como siempre cargo con una botella con agua,debo ir con el vigilante a que le raye el código de barras con un esterbrook.Un día, me acerqué al de turno, dije “buenas tardes” y extendí la botella frente a él. Ah, ¿va a pasar con el agua?, preguntó.¿Qué respondes?
a) No,sólo se la quiero mostrar.
b) No,quiero tomarle una foto con usted.
c) En realidad la compré hace rato pero no me gustó.

martes, enero 10, 2012

Aventar

Cansada de correr. De mirar. De hablar o callar. De esperar o actuar. De pensar, de pendejear. De socializar por obligación. De convivir por necesidad. De escuchar. De despertar. De lo vasto. De lo vacío. De resolver. De hallar soluciones. De buscar ayuda. Todo es fastidio.

lunes, enero 09, 2012

Los aztecas sabían

Un día de estos coincidí con un hombre que leía el horóscopo azteca. Preguntó mi fecha de nacimiento. Dijo que mi primer signo es miquiztli (la muerte) y el otro, ocelotl (jaguar).

viernes, diciembre 30, 2011

Acústica

En el mar de asfalto
igual habla de tragedia
el canto de las sirenas

no hay cera que baste


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Ubicación:Monterrey

domingo, diciembre 18, 2011

Leído en el msn de alguien


"Un buen trabajo y un matrimonio estable acaban con cualquiera".

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Ubicación:Torreón, Coah

viernes, noviembre 25, 2011

Si amas algo, déjalo libre. Pero sobre todo, no le pegues


Alguna vez dijeron que me habían golpeado desde que era bebé. Obvio, no lo recuerdo. O tal vez la mente se protege. O a lo mejor sufrí amnesia debido a alguna contusión. Recuerdo, sí, estirones de orejas, coscorrones, pellizcos. Recuerdo más las bofetadas. Más aun los cintarazos. Especialmente los que dejaban en mi espalda marcas con forma de “x”. Rojas. Inflamadas a causa de la piel sensible que me heredaron.

A veces me golpeaban por hacer travesuras o desobedecer. Pero otras veces, especialmente los fines de semana, cuando el alcohol aparecía en mi casa bajo la forma de caguamas, los trancazos podían ser por cualquier cosa. Una vez me estamparon la “x” en la espalda por no querer ver una película en vídeo. Otra, por hacer gestos. En una de esas ocasiones, la “x” hizo juego con los tirantes de mi traje de baño, al día siguiente, mientras los primos chapoteábamos en una alberca y las madres, sentadas a la orilla, hablaban. Tendría unos siete años.

Me pegaron por contestar, por enojarme. Por apoyar el lápiz en el dedo anular y no en el medio. Por elegir cortarme el pelo. Me dijeron que yo no podía decidir eso porque era una niña. Por escribir chueco. Por orinarme de miedo a los cinco años de edad al ver cómo mataban un cabrito que, ingenua, adopté como mascota. El tufo de cerveza rancia bandoneaba, era como una alerta. Como cuando sabes que la tormenta viene porque el aire huele a charco, a humedad. Recibí silencio antes que consuelo.

Cosa de los tiempos, de generaciones, dirán muchos. Aquí no hay nada excepcional. A todos, o casi todos, nos pegaban, igual o peor. Durante un tiempo reproduje el esquema. No me enorgullezco. Secuelas: aversión a la violencia, identificación inmediata de perfiles maltratadores, en ellos y ellas; entender que si no lo desean acaban repitiendo el ciclo; enrabiarme cuando madrean a alguien en desigualdad de circunstancias, y domeñar a base de cerebro el gusano de la violencia. Porque nunca se va. Porque todos los días trabajas en eso, víctima o victimario. Porque esas historias no deben repetirse, aunque a veces se asomen. Porque nunca se va.

Una vez, alguien les achacaba a mis amigas el que yo abrazara “la moda del feminismo”.

Pero esa “moda”, la “adopté” casi diez años antes de conocerlas. El día que prácticamente salimos de casa huyendo de los golpes.


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