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Ajuste de cuentas

Cuando miro fotos de cuando fui niña y salgo junto a mi papá, yo siempre sonreía. Afuera de las grutas de Bustamante. Junto a nuestros pastores alemanes. En el carrusel de los juegos Manzo. Cuando monté a caballo por primera vez. En el porche de la casa y sus pequeños árboles de granada y durazno. 

Al paso del tiempo, mi percepción de lo contradictoria que pudo ser nuestra relación se agudiza. De él recibí las primeras nociones de defensa personal, pero también los primeros jalones de orejas por apoyar el lápiz en el dorso del dedo medio y no en el anular. El primer contacto con animales de granja, pero también los "no seas marica", cuando lloraba por algo. Las primeras nociones de que hay que trabajar por las cosas, pero también una ronda de cintarazos por no querer ver una película que había rentado días antes. Abrazos, besos y apapachos, pero también su enojo por ver que su hija de cinco años de edad se meó encima por ver cómo él mataba a un cabrito en el patio de la casa…

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