Se puso el único par de tenis que había en el cuarto. Al salir de casa cerró la puerta, pero sin echar seguro. Comenzó a caminar rumbo al sur sin mirar atrás, pues temía volverse polvo de carne. Así que siguió adelante.
A cada paso que daba, literalmente, se desvanecía. Y de pronto, por fin desapareció.
Alma Ramírez, agosto 2011.
-- Desde Mi iPhone
miércoles, agosto 10, 2011
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