Uno de los mejores regalos


Unos dicen que llegar a los 30 equivale a llegar a la mitad de la vida. Otros, que ésta apenas comienza. Algunos comparan su trayectoria con la de sus padres, abuelos, amigos o colegas, y a partir de ahí asumen una actitud de éxito o fracaso. Luego hay días en que con diferencia de horas, alguien te dice que eres una polluela o todo lo contrario. Recuerdo alguna llamada telefónica nocturna hace como diez años con el Silva, en la que decía que, comparado a su padre, él ya debería ser padre por lo menos de un escuincle, tener un trabajo estable, estar casado, etc, etc, etc. Si a esas vamos y me comparo con mi historia familiar, yo debería ser madre de tres y ejecutar la doble o triple jornada de trabajo tal como la autora de mis días.

Queda entonces confirmado -al menos para mí- que en esto de las historias nada hay escrito, por más que el sistema se afane en lo contrario. Si no, que cualquiera mire a su alrededor y tome nota de cuántas narraciones no han transcurrido como habíamos supuesto, imaginado o hasta deseado: las y los que se embarazaron sin desearlo y tiraron por la borda la opción de crecer profesional o personalmente como hubieran querido, o por el contrario, quienes alcanzaron lo que más buscaban de su vocación y dejaron de lado sin darse cuenta hasta muy tarde esos pequeños guiños que hace el amor. A quienes el miedo congeló o el poder apendejó al grado de cavar su propia tumba. Quienes optaron por la omisión o el sistemático abandono. Quienes se atragantaron del mundo y no les alcanzó el tiempo de averiguar a qué sabía. Quienes se la pasaron tejiendo insidias o chismes baratos contra enemigos imaginarios en lugar de demostrar con hechos lo bueno que tienen para ofrecer...y así.

Es tan sólo una pizca de los millones de historias, una suerte de trailler, storyboards con temáticas semejantes pero diferentes ángulos. Hasta ahora nada sé de cierto y sólo lo supongo. Lo bueno es que tengo un buen de rato para tratar de averiguarlo.

Lo que sí sé de cierto -y no desde hace tanto como imaginaba- es que hay algunas personas que me quieren de verdad y que eso me inquieta porque no acabo de dejarme querer, pero tampoco puedo hacerme pendeja y decir que no siento bonito.

Comentarios

Enredada dijo…
muy bueno!!!!
un abrazo

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