El señor ése que trae el palo...

Antes de que las cochambrosas mentes trabajen a toda marcha, advierto que no es albur. Esa frase la dijo uno de los selectos asistentes a la ópera Aída on fire, que se presentó en Monterrey ayer jueves 21, y se refería al director de orquesta.

Creo que pocos podrán presumir de disfrutar de un espectáculo tan sui géneris, y no lo digo por la escenografía, coreografía, efectos especiales, actuaciones, música, etc, etc; sino por el hecho de degustar esta obra de Verdi al aire libre sazonado con aroma de carne para hamburguesas.

Como siempre, el público regiomontano hizo gala de sus buenas costumbres hablando durante todos los actos, aplaudiendo entre movimientos, tarareando las arias que les eran familiares, como cuando comenzaron los acordes de la marcha "Aída", cuyo contexto es radicalmente opuesto al que la raza lo relaciona, como en este caso son las graduaciones o quince años. Y a´i que tan pronto suena la pieza, el distinguido bato que hizo el comentario que titula el post empieza a tararearla, eso sí, con harta enjundia, mientras su esposa le dice: "oi viejo, es la de las graduaciones".

En versión extra breve, "Aída" es la antepenúltima ópera de Verdi, y trata de la trágica historia de precisamente, Aída, hija del rey de Etiopía, quien es esclava en el palacio del faraón egipcio, al servicio de Amneris, la hija del mero mero preciso. Pero resulta que el corazón de Aída late por los huesitos de Radamés, capitán de la guardia del faraón, sentimiento recíproco. Pero he ahí que su amor no puede hacerse realidad como pasa en todos los cuentos de hadas con final feliz incluido, porque, como dictan las novelas de Televisa, las clases sociales conviven pero no se mezclan, faltaba más. Todo esto se desarrolla en un Egipto en pie de guerra contra los etíopes. Cuando Aída se entera que Radamés encabezará al ejército egipcio tiembla de miedo ante la idea de que el amor de su vida se enfrentará a Amonasro, su padre.

Total que vuelve el Radamés de la guerra con un montón de prisioneros, entre ellos, el padre de Aída. Mientras estaba en combate, en el castillo la sospecha y la pugna por el amor del capitán se debatía entre Amneris y Aída. Como premio para Radamés por sus servicios, el faraón ofrece concederle lo que desee, y Radamés le pide liberar a los prisioneros, pues se ha enterado que Amonasro (el tentativo suegro) está entre el botín de guerra. Y que se arma la bronca entre Amneris que busca venganza por no ser amada por Radamés, entre el faraón, Amonasro y Aída. Entre la trifulca los prisioneros escapan, incluida Aída y las tropas los persiguen, atrapándolos a todos menos a ella.

Pa no hacerles el cuento largo, acusan al Radamés de traidor y sepa la bola qué tantas cosas más y lo condenan a morir enterrado vivo en el sótano del palacio de Vulcano.

Así, mientras el Radamés se resigna a morir oh sorpresa, que llega la Aída, quien sabiendo lo que pasaría, se escondió ahí. Los amantes deciden morir juntos (pues ya que otra les quedaba, digo yo).

Sólo me queda dejar a su criterio las siguientes normas básicas para quienes asistan a conciertos de música clásica u ópera:

1. Llegar a tiempo. No me refiero a la mera hora, sino tener el buen gusto de llegar entre 15 y 20 minutos o entre la segunda y primera llamada, así se tendrá tiempo de hojear el programa de mano, ir al baño, hacer llamadas de última hora, etc. No hay nada más patético y naco que los teatros regiomontanos cuando la gente llega hasta media hora después de iniciado el espectáculo, y peor aún, que se les deje entrar, cuando en recintos decentes queda prohibido abrir las puertas cinco minutos después. Actualmente sólo en algunos cines lo hacen, afortunadamente (pero bueno, qué podemos esperar del perfil norestense-faramalloso-novedoso-inculto, que supone que por el hecho de pagar tiene derecho a exigir que la orquesta comience la obertura hasta que vd. majestad llegue al teatro, sin mostrar ningún respeto por el trabajo de director, ensamble, equipo de producción y mucha gente más).

2. Apagar radiolocalizadores y celulares antes de que inicie el concierto. Por piedad, nada te parte la madre tan gacho una buena interpretación de Wagner que el ringtone de "Pásame la botella" a todo volumen, y peor aún, un tarado o tarada que responda la llamada en lugar de apagar el aparato.

3. Jamás abrir dulces, chicles o pastillas envueltas en papel celofán, mucho menos sacar un Tic-Tac de su caja. O hacerlo con sumo cuidado.

4. NUNCA aplaudir entre movimientos (para eso ayuda leer el programa de mano por si es la primera vez que van).

5. Tampoco se vale hablar en voz alta, menos aún de temas no relacionados con la obra en cuestión.

6. El intermedio es eso, y no el final.

7. Si llevan niños que sean adiestrados, excepto cuando sean funciones destinadas a ese público.

Comentarios

i dijo…
jajaja

pues no tuve chance de ir pero por lo que me han comentado estuvo por el estilo; eso sí, sin hamburguesas... y al menos mis conocidos no se toparon con gente "conocedora" de graduaciones y demás, pero no dudo que el comentario se haya escuchado, no lo dudo...

chido post, espero la crónica

salu2
Javy Rregio dijo…
jajaja.........

yo grite.........."otra,otra,otra"........

jajaja..........
asi somos los regios, creemos que es lo mismo ver una opera que ir a un baile de los tigres.

saludos.
monk dijo…
toy de qacuerdo.. peor y si me quedo dormido y ronco?

eso también queda fuera de glamour?
Alma Ramírez dijo…
ilustre Monko, no es cuestión de glamour, sino de educación y respeto a los demás. Pero igual puedes quedarte dormido, eso sí, sin roncar.
lacuevadelaloba dijo…
Con la pena, pero ese choucito con cantantes que usan micrófono, en un auditorio lleno de ruidos provenientes de todos lados, con esos efetazos, cuetes, pantallas de video y subtítulitos, se puede llamar todo menos ópera.
Ni modo. Soy harto old fashion, pero créame que la otra es más bonita.

Buenas sus recomendaciones, mi Pato. y en cuanto a la 7: No hay niños adiestrados, todos joden bien y bonito, hasta en las funciones de Baúlteatro. ?Cómo se les ocurre llevarlos a la ópera? Ahorita mismo estoy oyendo a los idiotas del 12 que están regalando boletos para el concierto de la sinfónica, y exhortando a papis y mamis que lleven a sus bebés al concierto. Aaaahhh, qué lindo! Si yo fuera la del "palito", neta que me ponía en huelga antes que oir un berrido de huerco meado e histérico en la sala. A las fieras no las doma la música, es un pinche mito.

Usté como quiera no pierda la fe. Como en unos 50 años pueque ya se nos hayan caido las plumas, y a lo mejor sobreviva algo de eso que llamamos kultur.


Beshitos

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